Las relaciones laborales entre trabajadores y empresas se basan en dos pilares básicos: la confianza y la dependencia.

La confianza es fundamental, se forja en el día a día de las relaciones humanas y es la esperanza firme que se tiene en algo o en alguien.

La dependencia entre las partes se puede observar desde la perspectiva tanto del empleador, que obedece al buen hacer e implicación de los profesionales a su cargo, como de los propios profesionales, que dejan en manos del empresario los réditos de la actividad de la que dependen en un aspecto tan fundamental en la vida como es el económico.

Cuando alguno de estos dos pilares quiebra, es esencial el diálogo para poder avanzar y resolver los conflictos generados, sin embargo, cuando éste se rompe o deja de existir, no hay más remedio que actuar ante situaciones que, en un momento dado, provocan un desequilibrio contractual, y es en ese preciso momento cuando en aras de proteger tus derechos lo mejor es delegar en un tercero que te brinde el apoyo necesario para afrontar una situación de desgaste físico y mental.

Por ello, es básico confiar en un profesional que te ofrezca un asesoramiento jurídico honesto, independiente y especializado que te ayude en este proceso de cambio.